Falito y yo con la barra de diversión al 140%
Sé que algunos de vosotros estáis esperando un post sobre la visita de Muty, Josito y la sorpresa inesperada de Falito. Hoy estoy tan cansado que no voy a poder complaceros, pero probablemente mañana aparezca por aquí un resumen con lo que ha acontecido este fin de semana. Ha sido, como poco, curiosete.
Hace unos días recibimos en nuestra bandeja de entrada un mensaje de nuestro CEO, felicitándonos efusivamente por los buenos resultados de la compañía en el año fiscal que acaba de concluir. HP ha crecido un 16%, básicamente gracias a la reciente adquisición de EDS. Si no contamos con la compra de esta última, la compañía habría crecido un 2%, resultados que no parecen demasiado malos si tenemos en cuenta la crisis económica global que estamos atravesando.
Hoy hemos recibido otro mensaje. La típica cena de navidad que debía celebrarse el próximo día 18 se ha suspendido. El director general de HP en Irlanda nos ha explicado muy claramente que, debido a la actual situación económica global, ha recibido órdenes de controlar los gastos de la compañía de una forma más agresiva, con el fin asegurar el crecimiento de la misma, y en vista de los tiempos oscuros que se avecinan. En consecuencia, HP no financiará este año ningún evento, ni regalos, ni cenas ni fiestas.
Evidentemente, este año podemos olvidarnos de un aumento de sueldo por muy bien que lo hayamos hecho. Por alguna razón, a los que llevan ya un tiempo en esta casa, la noticia no les ha pillado ni mucho menos de sorpresa.
Mientras tanto, en Japón vemos cosas como ésta.
Cada cual resuelve la crisis como puede...
En nuestro viaje a los acantilados de Moher, una de las cosas que más me llamaron la atención fue la cantidad de señales y carteles que nos íbamos encontrando en nuestro camino, y la dificultad (léase imposibilidad) para entender algunos (léase la mayoría). Por eso, qué mejor que invitar a nuestros apreciados lectores a encontrar (léase inventarse) el significado de semejantes obras de arte:
Cartel n°1: supongo que es algo así como no te caigas por el barranco, pero cualquier idea alternativa es bienvenida.
Cartel n°2: esta supongo que nos invita a no subirnos al muro que nos separa del acantilado.
Cartel n°3: se empieza a complicar la cosa: un pájaro, algo que parece agua (o fuego?) y un tío andado...
Cartel n°4: pasamos al nivel superior. Al que adivine esto le pago un par de rondas en la Gotera.
Cartel n°5: nivel experto. Cinco rondas en el Perro Andaluz a quien le dé un significado coherente a esto.
Estas vacaciones de navidad creo que van a ser las más largas desde hace años, más largas incluso que el campo de fútbol de Oliver y Benji: un total de dieciséis días fuera de casa con sólo un día de vacaciones restante en 2008. Increíble pero cierto. Con ustedes, mi agenda de actividades:
Sábado 20 de diciembre: vuelo de Dublín a Málaga. Aún está por decidir, pero probablemente de ahí me vaya directamente a Granada a ver a Mamá Ladilla, que tocan esa misma noche en el Planta Baja. Creo que va a ser una oportunidad única para verlos, así que creo que no la desaprovecharé. Falito, Ana, Curro, espero veros en el concierto si es posible.
Domingo 21 de diciembre: vuelta a casa al más puro estilo El Almendro.
Lunes 22 de diciembre: trabajo desde casa mientras veo si me toca la lotería.
Martes 23 y miércoles 24: me toca trabajar de nuevo si la víspera no me ha tocado nada. Para algo sirve Internet, para poder trabajar desde casa sin tener que pasarse por la oficina. No sé lo que echarán en la tele esos días, pero ya me enteraré.
Jueves 25 y viernes 26: vacaciones y relax en el hogar familiar: jamón, cerveza, polvorones y así sucesivamente.
Sábado 27 y domingo 28: probable excursión a Granada.
Lunes 29 y martes 30: eventual resaca y a seguir ganándome el pan con el sudor de mi frente. Aunque probablemente el sudor sea por causas ajenas al trabajo.
Miércoles 31: el último día del año me lo tomo libre, pero me levanto temprano. A las ocho de la mañana cojo el AVE de Málaga a Madrid; unas cuantas horas más tarde un vuelo a Marsella y a continuación otro tren hasta Montpellier, donde espero llegar a eso de las siete o las ocho de la tarde para pasar el fin de año con Aich y compañía. Allí me quedo hasta el 4 de enero, y luego de vuelta a Dublín.
Eso es todo, amigos. Les dejo con mi última acuarela. No puedo más de pintar árboles.
Ha tenido que pasar casi año y medio para decidirme por fin a salir de Dublín y ver un poco de campo. Tengo que decir que la experiencia ha sido absolutamente fabulosa. Me reitero en lo que decía cuando llegué a este país que la gente en Irlanda es extremadamente amable, y más especialmente cuando sale uno de la capital. Mi compañera de aventuras, Caitríona (pronúnciese Catrina), y mi menda, pillamos el primer tren del sábado por la mañana, y después de varias horas de viaje llegamos a nuestro destino inicial: Lisdoonvarna, un pueblecito conocido mundialmente por su Matchmaking Festival. En un principio pensé que era algún tipo de evento en el que se fabricaban cerillas, pero luego me explicaron que en realidad se trataba de un festival en el que solteros de todo el país se desplazan hasta aquí con la intención de encontrar pareja. Por lo visto hay un tío -the matchmaker- que, después de un complicado e infalible proceso de observación y estudio de los candidatos, va eligiendo gente a dedo y formando parejas. Amigos solteros, esto promete.
Marriages are made in heaven but... most people meet in the Matchmaker bar
Pues bien, nada más llegar nos fuimos a desayunar al Nellie's, un hostal que por lo visto es bastante conocido porque una vez salió en la tele y lo pusieron a parir. A pesar de todo, a mi me pareció que Nellie, nuestra anfitriona, fue un encanto. Rodeados de una decoración que superaba los límites de todo frikismo conocido, nos tomamos un desayuno cojonudo en una sala contigua al lugar por donde entramos. Una vez terminamos y viendo que allí no venía ni Cristo, nos volvimos a la entrada del hostal a pagar y Nellie nos recibió con un "oh! se me había olvidado que estabais ahí...". Teniendo en cuenta que éramos los únicos clientes del hostal (y probablemente de todo el pueblo ese día), el comentario resultó bastante gracioso.
Uno de los múltiples y finísimos objetos de decoración del Nellie's
Con la barriga llena, nos fuimos la calle abajo en busca del bed and breakfast de Oliver y Bernie, en el que se supone íbamos a hospedarnos. La puerta estaba cerrada y allí no había ni rastro de vida humana. Llamamos por teléfono, sin obtener respuesta, y le preguntamos al vecino de la casa de al lado, que nos dijo que seguramente estuvieran en el pueblo haciendo la compra. Como no teníamos ganas de esperar, nos echamos a andar carretera'alante en dirección a los acantilados de Moher, nuestro destino estrella del fin de semana. Ya volveríamos a la tarde. Como el tema estaba a diez kilómetros del pueblo, cada vez que pasaba un coche nos poníamos a enseñar el pulgar y/o la pierna a ver si algún buen alma se decidía a llevarnos. Después de unos treinta o cuarenta vehículos que nos pasaron de largo, al final se pararon unos jóvenes polacos muy simpáticos que nos acercaron en cinco minutos.
No todo el mundo se acerca a los acantilados por el placer de hacer fotos...
Una vez en nuestro destino, pasamos la sobremesa esperando que se fuera la niebla, contemplando el espectacular paisaje, haciendo fotos y luego tomando un café. Íbamos a pillar el bus de vuelta de las cuatro, pero luego descubrimos que no había bus de vuelta hasta las siete. Pensando en el frío y la lluvia que probablemente nos azotaría hasta esa hora, y teniendo en cuenta que la tienda-cafetería-exposición-recinto-para-turistas de allí al lado cerraba a eso de las cinco, nos metimos a preguntar si había alguna forma de volver al pueblo antes de las siete. Una de las cajeras de la tienda nos miró con cara de sorprendida y nos preguntó que por qué queríamos ir a ese pueblo dejado de la mano de dios, en el que aparte del Nellie's -que ya habíamos disfrutado- no había nada que hacer allí y que el Matchmaker Festival había tarminado hacía dos meses. Antes de que pudiéramos explicarle las ganas que teníamos de conocer a Oliver y Bernie, la chica continuó explicándonos que lo suyo era ir a Doolin, que allí es donde hay más movimiento, más sitios donde dormir y que además ella tiraba para allá en una hora y que nos llevaba en su coche sin problemas. Nos dejó además el número de teléfono de uno de los hostales, regentado por Carmel y Mattie Shannon, y nos explicó incluso que justo al lado teníamos un par de pubs donde cenar y divertirnos un poco por la noche. Y eso hicimos. El resultado superó nuestras expectativas con creces.
Uno de los impresionantes acantilados
A las siete o así ya estábamos perfectamente instalados en el Rainbow Hostel de las hermanas Shannon y listos para ir a cenar. Nos metimos en uno de los pubs, nos comimos un filetón por un precio irrisorio y continuamos la noche bebiendo Guinness hasta que se acercó la hora la cerrar. En las horas que pasamos allí, disfrutamos de auténtica música irlandesa en vivo y conocimos entre otros, a Geraldine, una agradable lugareña, madre de dos de las componentes del grupo. También conocimos al cantante, que tenía una voz impresionante y más años que el resto del grupo juntos, y más tarde a un alemán que se alojaba en el mismo hostal. Sentados como estábamos en una mesa grande, a lo largo de la noche pasó por allí gente de lo más variopinta. No recuerdo disfrutar tanto en un pub desde que la noche que casi nos parten la cara en el Porterhouse North por hacerle fotos a una bajuna con unas tetas descomunales.
Caitríona posando con nuestra amiga de la noche, Geraldine
El domingo, después de un copioso desayuno en el mismo pub de la noche anterior, nos encaminamos hacia el mar y estuvimos andando durante un par de horas sobre las rocas al borde del agua con Molly, un simpático perro de algún habitante del pueblo, que decidió acompañarnos. El paisaje de la zona es absolutamente impresionante. Además de los omnipresentes acantilados del lugar, los efectos de la erosión le han dado a las rocas del suelo una forma bastante curiosa. Una gran parte del recorrido estaba empedrado, además, de millones de minúsculos mejillones. Por otra parte, las olas y el viento hacen que este área sea un lugar ideal para el surf; de hecho, nos encontramos con unos cuantos surfers con su tabla bajo el brazo y de camino al agua. Y a la vuelta, bastante niebla, un poco de lluvia, un café irlandés y retorno a Dublín, primero en autobús y después en tren. En mitad del trayecto, parada y pizza en Ennis. A eso de las once de la noche estábamos en casa, completamente muertos pero contentos con la experiencia.
Millones de mejillones en la costa de Doolin
El curioso suelo de la costa de Doolin
Surferos en la costa de Doolin
La verdad es que esto es sólo un escueto resumen de un fin de semana que ha estado lleno de anécdotas y momentos divertidos. Los paisajes de la zona son, además, absolutamente impresionantes. El verde es omnipresente. El cielo gris también. Comer y beber es mucho más barato que en Dublín y la gente que nos hemos encontrado es encantadora. Sin duda, uno de los mejores fines de semana del año.
Y para terminar, una vaca doolinense pastando el domingo por la mañana
Nota: todas las fotos estan hechas con mi nueva cámara. Como se puede apreciar en las imágenes anteriores, el resultado no admite quejas.
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